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miércoles, 1 de abril de 2009

La mirada detrás del lente

Por Kaloian Santos Cabrera

Fotoperiodista


El Premio Nacional de Periodismo Juan Gualberto Gómez que entrega la Unión de Periodista de Cuba a profesionales del sector por la labor de un año, le fue conferido por su desempeño en el 2008, en el apartado de fotografía, al buen amigo y colega Rene Pérez Massola.
Conocer que el lauro fue precisamente para él (lo tenía merecido hace mucho) me produjo una tremenda satisfacción. La noticia la escuché por Radio Reloj bien tarde en la madrugada y desde entonces comencé a tejer una entrevista en complicidad con mi admiración personal y profesional hacia el homenajeado.

El buen abrazo y la felicitaciones personales pude dárselos en medio de la Feria Internacional del Libro, donde Massola, como es de esperar, estaba quizás tramando cómo cazar una imagen diferente, con el sello de su talento (como esa de hace dos años en esta misma feria y que me dejó muy sorprendido).

En ese encuentro le dije lo de la entrevista y que tenía que publicarla en Lente Cubano, un blog sobre los fotógrafos cubanos de prensa y que el mismo administra. Claro eso fue sin dejarlo objetar pues su modestia le impide eso que los cubanos llamamos “darse autobombo”.
Aunque si de materia fotoperiodística hablamos Rene puede presumir cuanto le plazca porque es uno de nuestros fotorreporteros de mayor valía: En el se entrelazan el talento y la preparación profesional como pocos en la Isla. Pero por supuesto su dignidad humana lo hace aun más genial por no presumir de cuanto porta, por brindar todo lo que sabe a sus colegas y así derribar, sin proponérselo, ese petulante celo profesional que asecha a muchos colegas en el gremio.


Tabaco / 2003

No olvido las clases que Rene impartió durante el Taller de Fotorreportaje en el tercer año de mi carrera de Periodismo, o que a cada rato vuelvo a entrar a su blog Venezuela en mis ojos que recrea con supremacía profesional su estancia como corresponsal cubano en Venezuela.

Adelante la entrevista. Antes aclarar que las primeras preguntas son solo para adentrarnos sobre su persona. La segunda forma parte de un cuestionario que le realicé para mi tesis de Licenciatura en Periodismo.

Cuba va / 2009

¿Cómo era Rene cuando no tenía una cámara en sus manos?

Era un joven que soñaba con estudiar biología y conocer Cuba viajando por su cuenta, de guerrilla, como le decimos los de mi generación.

La fotografía la tuve cerca con mi padre, que la utilizaba como una herramienta más en su trabajo o con mi hermano, que fue un tiempo fotógrafo de calle. Pero ninguno de los dos me permitía asomarme a su cámara. Yo solía hacer fotos, pero no ya detrás del lente, sino detrás de mi hermano. Era un ejercicio en abstracto.

Trabajo voluntario / 2009

¿Cómo llegas a la fotografía y de dónde venías?

Después del intento de estudiar Biología me dediqué a varios oficios, desde custodio, jardinero o plomero en los difíciles días de los noventa. A la fotografía en serio llego gracias a un amigo que me avisa de un curso que daban en la UPEC, en 1998. Asistía los viernes en la tarde. Mi jefe de entonces, Francisco Hernández, me autorizó a riesgo de ser sancionado él, ya que la plomería, oficio que yo ejercía entonces, no tenía nada que ver con la fotografía y en el departamento de personal de la empresa no me habían autorizado asistir al curso.

Vacuna contra el cáncer / 2005

En aquella aula profesores como Félix Arencibia o Pedro Rodríguez García, Peroga, nos acercaron al mundo de la fotografía. Allí decidí que si me hacia fotógrafo sería fotógrafo de prensa. Un día, aun sin terminar el curso, le pedí 10 minutos de su tiempo a Jorge Luís Canela, director de Trabajadores. Le expuse mis deseos de vincularme a la prensa y hacer fotografía desde allí. Me escuchó pacientemente. Entonces no había plazas, pero me ofreció llamarme en cuanto hubiese una. Y así fue.

Liga Mundial Voleibol / 2009

Para escucharlo al pie de la letra

¿Cuál es generalmente el recorrido de formación que siguen los

fotógrafos cubanos para llegar a trabajar en un medio de prensa en la actualidad?

En los últimos años provienen casi todos de los cursos que se impartían hasta el año 2007 en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, coordinados por el profesor Félix Arencibia, ya desaparecido. Téngase en cuenta que el calificador de cargo establece que la plaza de fotorreportero puede ser ocupada por un graduado de educación superior que acredite un curso habilitatorio o a discreción del director del medio de prensa, por un graduado de nivel medio superior y el consabido curso habilitatorio igualmente.


¿Qué es para UD. el ejercicio del fotoperiodismo y que características posee esta disciplina?


Para mi el ejercicio del fotoperiodismo es la documentación gráfica consciente de la realidad. Es un vínculo con el periodismo, una fotografía cuyo resultado es una imagen con valores informativos, testimoniales o documentales de trascendencia.

Esta disciplina exige al practicante una variada serie de condiciones personales que van desde recursos intelectuales como una mente ágil, un nivel de información alto, una ética a toda prueba, hasta condiciones

físicas óptimas.

Sus características son similares a las del periodismo. Ética, objetividad, transparencia y honestidad, pero sobre todo, sensibilidad.


¿Cuáles son los aspectos esenciales sobre la actividad periodística que debe conocer un fotógrafo para poder ejercer el fotoperiodismo?


En primer lugar el fotógrafo de prensa es un periodista. Un fotoperiodista. En mi opinión, este debe conocer los géneros periodísticos en los que se enmarca el trabajo y su expresión a través de la fotografía. Debe tener un

a perspectiva histórica del papel de la fotografía en la prensa y de trabajos de los que han sido antecesores. Es esencial que posea una cultura general y que la enriquezca constantemente. Esto se reflejará inevitablemente en la calidad de su trabajo. También es importante que domine un segundo idioma.

A la luz de las corrientes actuales en el sector, se hace imprescindible el dominio de la tecnología en la que se basa la mayoría del trabajo periodístico actual. Laboratorio fotográfico digital y transmisión de datos son dos aspectos fundamentales, pero todo cuanto pueda aprender le permitirá un mejor desempeño.

Tortugueros en Guanahacabibes / 2007


¿Qué formas o métodos apela UD. para documentarse sobre la cobertura antes de realizar el trabajo gráfico?


Depende del tema, pero la más común es la indagación personal. Preguntas a compañeros o a nativos de los lugares en que realizo el trabajo, búsquedas previas en Internet, en el centro de documentación, etc. También en muchas ocasiones a los reportajes les anteceden o se derivan de entrevistas a funcionarios a las cuales me mantengo atento y en ocasiones realizo preguntas. También me valgo de mi cultura personal adquirida en otros escenarios ajenos al periodismo.


¿Cuáles son sus consideraciones sobre la utilización de la fotografía en la prensa, del espacio que le conceden?


La fotografía sufrió un duro golpe al pasar los periódicos a formato tabloide primero, y después la reducción de las páginas y de las tiradas en la crisis económica de los 90.

Actualmente parece que se comienza a tener en cuenta el valor de la

fotografía. En algunos casos es utilizada meramente para cubrir espacios; en otros se valora justamente su función y es desplegada, casi siempre en portadas. Pero la percepción de la preponderancia del texto aun mantiene limitada la fotografía en los medios y novedosos recursos como la infografía.


Circo / 2009


¿Cómo valora la producción de la fotografía de prensa en Cuba

actualmente?


La producción fotográfica de prensa en Cuba esta muy ligada al tipo de periodismo que se hace. Toda la producción queda restringida al trabajo periodístico dirigido y no hay espacios que estimulen la creatividad del fotógrafo o su iniciativa. Ha desaparecido el fotorreportaje, genero exclusivamente fotográfico, y la calidad ha descendido, en parte, debido a las carencias tecnológicas, (en camino de paliarse actualmente), y también

profesionales.

El termino “fotógrafo de piquera” describe perfectamente la situación de estos en los medios.

Sin embargo, los nuevos espacios como las paginas Web son desaprovechados, subvalorados y hasta ignorados por los fotógrafos, aunque en muchos casos, estos carecen de acceso a la Web en sus propios medios.

Paisaje de un hombre / 2008

¿Cuáles son tus sueños fotográficos?

Me gustaría algún día hacer un libro de fotografías sobre mi país. Un libro distante del turista foráneo y mas cerca del cubano común, que muchas veces descubro que no conoce su país ni en fotografías. Una especie de guía de viajeros como homenaje a aquellos que no reparan en salir a la carretera mochila y suerte al hombro, rumbo a algún sitio de nuestra geografía.

También sueño que los estudios de fotografía, sobre todo la apreciación fotográfica, se amplíen más allá de sencillos cursos y pueda abordarse de forma más profunda a nivel superior en nuestro país.

Baño en las pozas /2003


miércoles, 18 de julio de 2007


Félix Arencibia: "La fotografía no es un trabajo, es una forma de vida."

Amauris Betancourt
amauris@radioangulo.icrt.cu

Félix Arencibia visitó Holguín hace poco más de dos años para impartir-compartir los conocimientos y secretos fotográficos de casi cuarenta años de ejercicio en la profesión de fotorreportero muy ligada al magisterio, para gracia y beneplácito de miles de fotógrafos en Cuba y América Latina.
De esta visita nació una amistad que se me antoja de toda la vida. Félix tenía ese don de granjearse amigos de manera fecunda. Ahora paréceme haber conocido a Félix desde hace años y no ese relativamente breve tiempo.
A propósito de su visita accedió a una entrevista, hasta ahora inédita, que a continuación pongo a disposición de ustedes para honrar así al maestro de muchos quien falleció en La Habana a la edad de 68 años de edad el pasado 15 de julio.


¿Cómo se inicia Félix Arencibia en la fotografía?

Soy del criterio de que a las profesiones se llega generalmente por amor si bien hay cosas que tú haces en un momento determinado para cambiar de profesión. Desde que tengo uso de la razón he estado en contacto con la fotografía.
A mi madre le encantaba retratarme de niño, como sucedió con otros fotógrafos seguramente. Gracias a la madre de José Martí, me permito comparar, quien se preocupó siempre de retratarlo de niño, tenemos una iconografía martiana asombrosa. Sin llegar a esos extremos a mi madre también le gustaba hacer lo mismo y guardaba esas imágenes.
Parece venir de ese amor familiar. Recordar también que procedo de familia campesina, y para los campesinos esto constituía un medio de guardar la inocencia de la infancia, los años lindos, para cuando los muchachos crecieran. Y entonces realmente llegue a la fotografía así, por amor y desde muy joven.
Llevo aproximadamente cuarenta y tantos años haciendo fotos de los 66 que tengo y no me he cansado de ella. Alguien me decía que si me iba a retirar. Me pude haber retirado en realidad desde los 60 y no me retiro porque la fotografía no es un trabajo, es una forma de vida. Uno se siente feliz haciendo fotografía si realmente le gusta.

Afirmaba que lleva casi cuarenta años haciendo fotografía, ¿conserva usted su primer fotograma?

Si, conservo los primeros fotogramas y me he dado cuenta de la mejoría con el tiempo. La fotografía tiene que ver con factores de apreciación visual, factores de conocimiento de la técnica, técnica que has de dominar a la perfección y luego un poco que medio olvidarte de ella. Utilizarla como un reflejo condicionado. La experiencia y el tiempo te la incorporan al subconsciente.
La diferencia entre un aficionado y un profesional es, a mi modo de ver, que el aficionado hace de vez en cuanto algo bueno, pero el profesional esta siempre obligado a hacer algo bueno y cuando aprieta el obturador ya sabe lo que va a suceder.

Su larga y destacada labor profesional como fotorreportero y docente le ha permitido abordar diferentes temas y géneros fotográficos. ¿Alberga usted preferencia por alguno en particular?

Fundamentalmente prefiero el retrato. Me encanta hacer retratos de campesinos, de gente normal. Aconsejo retratar en las mañanas y las tardes, porque se tiene el sol a un ángulo de 25 ó 30 grados y puedes mover el sujeto alrededor del sol que se convierte en fuente de luz fija y aporta, además, una buena calidad de luz, una coloración ligeramente más caliente.
La luz del mediodía no se comporta así. La luz cenital es caótica, su calidad es mala y posee un color azul. Además las sombras crean un desagradable efecto de gafa debajo de los ojos.
Se puede mejorar con otras condiciones pero las mejores horas son para mí las mañanas y las tardes. Incluso algunos fotógrafos se levantan muy temprano o se acuestan muy tarde para aprovechar la luz del sol naciente o poniente.

La fotografía, los fotógrafos, pretenden predicar, testimoniar, matizar, aleccionar, filosofar. ¿Qué pretende Félix Arencibia con su arte fotográfica?

Enseñar. Tratar de mantener en otros este amor por la fotografía y que se dediquen a enseñar.
En Cuba había un gran maestro de la fotografía, el maestro Roberto Rodríguez de Cal, fallecido hace unos 5 años. Creo que he tratado de seguir su camino y trato de que otros jóvenes, ya los hay en la Habana, mantengan este amor por la enseñanza de la fotografía, porque Martí dijo una vez "subir lomas hermana hombres" y afirmó también en otro momento "los fotógrafos poblaran el mundo."
En efecto, la cantidad de fotógrafos en Cuba va en aumento. Hoy por hoy la mayor parte de los fotógrafos cubanos son jóvenes. Los viejos ya tienen su historia pero los jóvenes están haciendo una nueva historia, quizás superior a la que estaba hecha hasta ahora.

Hacer fotografía es un placer que enriquece la vida" asegura Jorgen Goomy. ¿Comparte usted este afirmación?

La fotografía ha salvado mucha gente. Uno de los grandes maestros de los primeros años de la Revolución había sido dueño de una gran empresa de autos. Cuando se nacionaliza su negocio, se volvió prácticamente loco.
El siquiatra le preguntó, ¿Qué tu sabes hacer? Hago fotografía por hobby. Dedícate a la fotografía. Y la fotografía lo curó.
La fotografía te ayuda a liberarte de ciertos pesares; es una forma de expresión y una forma del liberar toda una serie de impulsos que uno tiene adentro.

Usted es un profundo conocedor de la fotografía cubana. ¿Cómo la cataloga usted en estos momentos?

En estos momentos hay un apogeo en la fotografía cubana, sobre todo lo que no había antes. Hay una gran cantidad de mujeres jóvenes haciendo fotografía.
Antes y a inicios del Triunfo de la Revolución había pocas fotógrafas. Hoy hay muchas y de muy buena calidad. Existe además la ventaja de que los fotógrafos más viejos, aun los que han muerto, se formaron autodidácticamente y tenían bajo nivel cultural.
Hoy cualquier joven tiene nivel universitario y esa formación académica lo ayuda a poder ejercer la fotografía más rápidamente, y poder entender los conceptos de física, de química, de composición, que existen en la fotografía; por lo tanto, es más fácil para un joven hoy que para el que lo fue hace 60 años.

La fotografía digital esta de moda. ¿Perjudica o favorece, frena o abre nuevos caminos creativos? ¿Sustituye esta la analógica?

A la larga aunque estemos en contra la va a sustituir. Pasará como pasó con los discos de 78 revoluciones que fueron sustituidos por lo de 33 y estos a su vez por los casetes, CD.
Se quedará la fotografía analógica, pero para profesionales generalmente. Una película en colores vale tres dólares, una en blanco y negro vale seis. O sea va quedando como un trabajo para elites. No se puede negar el desarrollo. Existen muchas industrias que han eliminado el 75 por ciento de la producción de elementos de fotografía instantánea y solo algunas la han mantenido para enviarla a países del tercer mundo.

¿Y usted particularmente ha plegado las banderas analógicas?

Aun uso las dos. Porque aquella te da una base que es común a ambas. La fotografía digital es prácticamente heredera de todos los conocimientos de la analógica.

¿Convierte la nueva tecnología digital a cualquier poseedor de una cámara de éste tipo en fotógrafo?

No, los convierte en tirador de imágenes, no en fotógrafo. El concepto de fotógrafo es mas profundo. El fotógrafo hace, crea fotos. La imagen de un fotógrafo profesional es creativa, más que artística, porque el fotógrafo pone de su parte, de sus sentimientos, de su filosofía, de su modo de ver la vida, de su estado anímico inclusive.

¿Y que aconseja usted a los que se inician en la fotografía?

Estudiar, estudiar y estudiar, y además compartir los conocimientos con otros sin ningún tipo de temor. Mientras más sepan, mas sabemos nosotros.

viernes, 4 de mayo de 2007



Liborio Noval: Retratar a Fidel



El aroma de un puro cubano parece concentrar los olores del pasado. Asisten a la convocatoria sus más caros “fantasmas” de la adolescencia en el barrio habanero de Puentes Grandes, donde aprendió a saborear las fumas de los tabaqueros que llegaban a la bodega del tío. Desde entonces no ha podido despojarse de ese gusto, como mismo le resulta imprescindible llevar a cuestas su cámara fotográfica.Su pasión por salvar de la desmemoria las imágenes que aprendió a descubrir gracias al lente de ese “artefacto mágico”, apareció años más tarde. Aunque en los paseos dominicales de la niñez, la camarita del tío dejó constancia de la historia familiar. Se suceden las escenas en la vieja Habana, donde su padre (quien murió cuando él tenía diez años), era empleado de una peletería y su madre confeccionaba los más distinguidos abanicos de la Isla en una tienda nombrada La Villa de París.De sus progenitores españoles dice haber heredado el sentido de la honradez y la amistad, el respeto incondicional a “los mayores” y en el trabajo, el ejercicio de la más férrea disciplina, rayana en el fanatismo, que se encargaron de reforzar los curas del colegio de Belén y los Escolapios.No por gusto es autor de un envidiable archivo de instantáneas que pueden narrar de manera autónoma la historia de la nación cubana en estos últimos cuarenta años. Tan sólo del Comandante en Jefe Fidel Castro, son de su autoría más de noventa mil negativos, atesorados en innumerables recorridos dentro y fuera del país, reuniones, actos públicos, momentos íntimos… Sin embargo, Liborio Noval llegó a la fotografía casi por accidente, después de varios años como investigador de mercado en la agencia publicitaria Siboney: “Un día me ofrecieron trabajo en el laboratorio fotográfico de la agencia porque se suponía que después de cuatro años como investigador de mercado cualquiera estaba viciado. La primera vez que presencié el proceso de revelado e impresión de una foto terminé preguntando si se botaban los negativos en la basura. Con la respuesta descubrí que con uno solo podría obtener miles de copias. Y me fascinó”.En aquellos años “no tenía una clara conciencia política a pesar de que en Puentes Grandes me crié con Pedro Marrero, Miguel Ángel Oramas, Fernando Chenard… que visitaban la bodega de mi tío. Un día supe que habían participado en el asalto al Cuartel Moncada y que algunos de los conocidos del barrio murieron. Nunca había salido de La Habana y los viajes a provincias por el trabajo en la publicitaria me mostraron otra cara de Cuba: la más extrema miseria.“Ya estaba acostumbrado a ver los mendigos en La Habana; a mi casa tocaban a ratos pidiendo un plato de comida, algunos llegaban a la bodega pidiendo fia’o un medio de arroz, dos quilos de sal…pero lo que vi en Oriente, por ejemplo esas fotos de los niños barrigones por los parásitos, eran imágenes reales muy fuertes.”Puentes Grandes era un barrio obrero, donde la situación límite del país era una evidencia cotidiana. Alguna vez tuvo que correr con los amigos para huirle a los golpes de bicho de buey de los capos del esbirro Ventura y en la Agencia colaboraba como muchos ocultando la confección de bonos del Movimiento 26 de Julio y pequeños grabados para el periódico Revolución, entonces clandestino.“Todo eso era más bien un juego para mí, que en aquellos tiempos tenía poco más de veinte años. Cuando los rebeldes entran en La Habana, Fidel empieza a pronunciar aquellos famosos discursos de ocho y diez horas: comienzo a ver cómo va cambiando todo aquello que estaba mal en otra época y creo que las tantas imágenes de otros fotógrafos que tuve que revelar en el laboratorio de Revolución fueron una tremenda escuela política”.Un buen día dejó el laboratorio y salió a la calle a fotografiar...“Me bauticé en la gran vorágine de movilizaciones, sabotajes, actos políticos… me uní al grupo de reporteros que como Korda, Corrales, el viejo Salas, Ernesto Fernández… conformaron la historia gráfica de esos primeros años de la Revolución”.Liborio Noval se detiene a contemplar las figurillas que el humo del tabaco delinea a contraluz. Y de nuevo los recuerdos pasan por ese aroma inconfundible. El Che solía fisgonear en el bolsillo de su camisa donde guardaba la tabaquera, cuando en algunos de los trabajos voluntarios de cada domingo, olvidaba los suyos en la oficina.“Un día me mandaron al reparto Martí para fotografiar al Che en un trabajo voluntario. En cuanto llegó el argentino, como le llamábamos entre nosotros, me preguntó qué hacía allí. Tomar fotos le contesté. Entonces me pidió que colgara la cámara y lo ayudara a llenar las carretillas y transportarlas. Así estuvimos todo el día. Sólo me dio diez minutos para hacer mi trabajo. Con el tiempo me prohibió fotografiarlo los domingos. No quería que los “jodedores” en el Consejo de Ministros lo bonchearan cada mañana de lunes por haber salido en el periódico. Pero al trabajo voluntario si tenía que seguir asistiendo, sin cámara, por supuesto”.La amistad entre el Che y Fidel es para Liborio una de las grandes pérdidas tras la muerte de Guevara:“Para mí era el complemento ideal de Fidel, era fabulosa la comunicación, la complicidad entre los dos. El argentino siempre estaba arriba de los problemas. Si veía algo mal hecho lo decía de inmediato y conmovía su ejemplo: cuando llegaba a una fábrica para hacer trabajo voluntario preguntaba invariablemente cuál era la norma. Nunca dejó de cumplirla o sobrecumplirla.”El tabaco es también una constante en la relación del fotógrafo con Fidel, quien alguna que otra vez en esa década del sesenta, se los pedía “prestados”. Pública y notoria, la adicción de Liborio es sólo contenida con cierto pudor, frente al líder cubano: “Hace muchos años que delante del Comandante no fumo, por respeto a ese gesto de compromiso con el mundo entero, de abandonar el hábito de fumar”.
CAZADOR DE IMÁGENES
-¿Cuándo está seguro de que debe apretar el obturador de la cámara?-
Eso se llama intuición y lo da la experiencia. Alguien a quien aprecio mucho, y que se dedicó a estudiarme durante una jornada de trabajo en el Palacio de las Convenciones, me definió como un cazador de imágenes. Por supuesto, no todas las fotos que tomo son buenas. También están las malas que no enseño.“Hay que poseer esa agilidad que va del ojo a la mente y de la mente al dedo índice que aprieta el obturador de la cámara. Porque siempre puede haber alguien que mueva un brazo o cambie de postura y se te eche a perder la imagen. Debes conocer a la persona que tienes delante para descubrir el momento justo. Con Fidel me pasa, desde que llega a una actividad, quizás por los tantos años que llevo retratándolo, sé cómo se siente, cuál es su estado de ánimo, por la manera de caminar, la postura, como mueve las manos y pone la cabeza. Lo observo a través del telefoto y me resulta familiar”.
-¿Nunca fuera del telefoto?-
Casi nunca. Para fotografiar sólo vale lo que ves a través del lente. Cuando voy a una entrevista, trato de observar al entrevistado algunos minutos y me alejo un poco para que olvide que existo. Estudio sus gestos, cosa que prefiero hacer con un pequeño telefoto, hasta que me hago una idea de cómo es.“Debes estar metido en tu trabajo, no pensando en las musarañas. Sobre todo si se trata de Fidel. Tienes que estarlo ‘cazando’. Pararte detrás de una cámara con un trípode, así hable seis horas, dándote un chance sólo para quitar el rollo. Ni siquiera puedes ponerle mucho interés al discurso en ese momento. Suelo leerlos o verlos por televisión después.“Esperar, eso es parte de nuestro oficio. A veces cuando habla desde una tribuna como la del Palacio de las Convenciones y se dirige a la presidencia dándonos tres cuartos de perfil sin mirar hacia el público, me pongo a decirle bajito, para mí nada más, como si rezara: Comandante por favor, mire para acá y dele un chance a los fotógrafos”.
-¿Es difícil de fotografiar?-
Es tremendamente fotogénico. Tiene una especie de aura fabulosa para retratarlo, pero a nosotros se nos dificulta el trabajo muchas veces por la posición en que nos ubican, en ocasiones desde el mismo ángulo. Y a mí me gusta cogerlo un poco si se quiere, desprevenido… hacerle instantáneas.“También transparenta con facilidad su estado de ánimo. Recuerdo que una vez, al principio de la década del ochenta, Jorge Enrique Mendoza, entonces director de Granma, me rechazó un juego de quince fotos - a él había que ponerle muchas variantes sobre la mesa -, porque en ninguna el Comandante tenía un rostro suave, agradable. Pero en el discurso de ese día Fidel había estado ‘cabrón’ alertando sobre diversos problemas. Y sólo se me ocurrió responderle a Mendoza: esa fue mi percepción hoy como fotógrafo. No le podía pedir que pusiera otra cara para complacerlo a usted. En definitiva, el director me otorgó después la razón. “Es verdad: Fidel dio un discurso ‘duro’ hoy”, me confesó”.
-¿Y a Fidel le gustan las fotografías?-
No me ha dicho que le gusta verse retratado, no he hablado mucho con Fidel, pero sé que aprecia nuestro trabajo. Siempre quise tener algunas de las fotos que le he hecho firmadas por él, pero nunca me atrevía a pedírselo, me autocensuraba porque siempre está muy ocupado. Pero cada vez que viajábamos me llevaba dos que me gustan mucho por si se daba la oportunidad.“En el año 1995 en China, nos dedicó a los periodistas, como es su costumbre, un tiempo para conversar. En esos momentos suele preocuparse de cómo nos atienden, si descansamos, si comemos bien… todos esos detalles. Y ahí me tiré de cabeza. Le pedí que me las firmara y accedió. Me dice entonces: ¿por qué no me mandas una foto de estas que yo no la tengo?“Cuando llegué a Cuba me tiré de nuevo de cabeza en la piscina sin agua y le mandé catorce fotos que le había tomado en distintos viajes… Pero otros colegas también poseían una buena colección de instantáneas de Fidel, y de ahí surgió la idea de realizar después una exposición, y el libro Cien imágenes de la Revolución Cubana, que preparamos varios fotorreporteros, en ocasión de sus setenta cumpleaños”. -Dice usted que no ha hablado mucho con Fidel, ¿cómo es posible después de tantos años?- Yo no tengo que hablar con él. Lo mío es retratar a Fidel.
-Después de acompañarlo de cerca tantas veces, ¿cómo lo describiría?-
Para mí es una gente de pueblo, un cubano más al que respeto mucho por haber liderado una Revolución reconocida en el mundo entero. No me complacen esas visiones que algunos tienen sobre él, como si se tratara de un extraterrestre y no de un ser humano, que disfruta un helado, se toma una cerveza, habla con la gente y les pone el brazo encima. Conservo en mi memoria muchas imágenes que reflejan su humanidad y dan su dimensión real. Por ejemplo, recuerdo esa escena, sentado en un taburete en casa de un campesino, tomando café acabado de colar por la dueña de la casa, y después tirándose una foto con ellos como si se tratara de la familia. Eso lo disfruta, y mucho.“Sé que le preocupan los problemas de la gente, como algo natural de su persona. Y también lo he visto en las grandes reuniones recalcando y remachando para que se resuelvan los problemas y se hagan bien las cosas. Es didáctico y explica hasta la saciedad cualquier medida que se deba tomar. Y además, aunque no las hace, sé que le gustan las bromas y lo he visto reírse de lo lindo como espectador de alguna.“Pero lo que más admiro es su ritmo, ese don de ser incansable…”
-¿Alguna vez ha sentido que no puede seguirlo?-
Hasta ahora no. Es duro el ritmo pero he logrado adaptarme. Mientras él habla resisto y cuando llegan los recesos en cualquier recorrido, allí mismo me tiro a dormir para recuperarme, dondequiera, en el piso, en un butacón, en el avión… algunos colegas me han tirado fotos muy simpáticas en esos momentos. Si él resiste por qué yo no voy a seguir haciéndolo también”.


-¿Cuál prefiere de las instantáneas que le ha tomado?-

La de la boina en el Cacahual, el siete de diciembre de 1961. Le tengo cariño porque quedó atrapada esa expresión de los ojos, sólo dada a los pintores, por la cual desde cualquier ángulo en que se mire la foto, el retratado sostiene la mirada de quien lo observa.“Hay otras interesantes como la de la primera vez que usó guayabera, pero es difícil elegir. Son más de noventa mil negativos. Unos pocos los tengo en la casa, pero la mayoría están en los archivos del periódico Granma. Hoy las condiciones de los archivos fotográficos son delicadas por la escasez de recursos con que contamos y a eso hay que sumarle un clima como el nuestro, tan húmedo, donde proliferan los hongos. Sufro cada vez que registro los negativos viejos”.


-¿La foto que lamenta no haberle podido tomar?-


La de Girón tirándose del tanque, por ejemplo. Yo estaba en Guantánamo en ese momento por si pasaba algo allá. Pero de cualquier manera nunca he lamentado que otros compañeros hayan podido preservar esos momentos para la historia del país. No soy envidioso.-¿Qué desvaríos se tiene prohibidos como fotógrafo?- No hacer las cosas bien. Suelo imprimir mis fotos y hasta que no estoy conforme con ellas no las entrego. Siempre hay cosas que debes limpiarles, alguien que no es importante que aparezca… pero lo fundamental debe estar en el negativo. Para eso debes estar a la viva y no mariposeando.-¿Está de acuerdo con quienes afirman que el fotógrafo debe ser un espectador objetivo e inmune y que sólo resulta su trabajo si se distancia del universo que intenta hacer perdurar?- La emoción es muy necesaria en nuestro oficio a pesar de que también son necesarias la paciencia y los nervios. Si se trata de un retrato debes reflejar la personalidad, el mundo interno de ese ser humano, sobre todo a través de su rostro; un universo que aparece mucho más cuando está en su medio natural. Tiene que haber un fluido interno, una comunicación entre el fotógrafo y las imágenes que refleja. De lo contrario no funciona. Por eso digo que las fotos deben tomarse con el corazón”. (En este texto aparecen fragmentos de una entrevista concedida a la periodista por el fotorreportero y publicada en Juventud Rebelde en 1998, y de otra ofrecida por Noval para el espacio En mi Habana, de Habana Radio.)






Liborio Noval nació en la Capital cubana en 1934. Ha sido fotorreportero del periódico Revolución, la revista INRA y desde 1965 trabaja en el diario Granma. Ha realizado numerosos viajes por todos los continentes, destacando su trabajo como corresponsal de guerra en Vietnam y Nicaragua. Ha recibido premios nacionales e internacionales por su obra y sus fotografías aparecen en libros como Un personaje llamado Hemingway (Ediciones Mec Graphic, Italia), Cien imágenes de la Revolución Cubana y Che en la Revolución Cubana (Instituto Cubano del Libro- Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado) y Secreto de Generales ( Editorial SI. MAR S.A).

jueves, 3 de mayo de 2007

Perfecto Romero Ramírez, el hombre al que el Che le dio una cámara fotográfica en lugar de un fusil


Perfecto Romero nació en Cabaiguán, Cuba, en 1936. Su afición por la fotografía vino de la mano de sus ideas y empezó a trabajar como fotógrafo cuando se unió a los Rebeldes (barbudos) en la Sierra del Escambray.
A la Revolución con una cámara, Romero, pensaba que el fusil era la única forma de hacer la revolución, hasta que el Che Guevara le demostró el poder de la imagen y desde aquel momento se convirtió en el fotógrafo oficial de la Revolución Cubana en la lucha insurrecta en el Escambray.
Amigo de ese otro gigante de la fotografía de la Revolución Cubana, Alberto Díaz (Korda), y admirador sin reservas de Camilo Cienfuegos, el Che y Fidel Castro. Perfecto Romero ha dejado a través de sus imágenes en blanco y negro el testimonio de una revolución. Por ello, Romero pertenece ya a ese exclusivo grupo de fotógrafos que a través de una cámara consiguieron capturar ideas y hacerlas eternas.
Principalmente conocido por sus fotos históricas sobre el Che y Camilo, Romero, forma parte del colectivo humorístico del semanario humorístico PALANTE, y esto le ha dado la posibilidad de participar en todas las Bienales del Humor, en el habanero poblado de San Antonio de los Baños, a partir de la quinta edición.
Y como era de suponer, Perfecto asistía con su cámara y la usaba para retratar a todos los que le pasaban por delante, durante las exposiciones, o en las conferencias, o conversando, o bebiendo en la Taberna del Tío Cabrera; lo mismo cuando caminaban que cuando estaban parados o sentados hasta cuando andaban regados por el suelo.
De esa copiosa colección se percató y se dijo: "¡Caramba, lo que yo tengo aquí es un tesoro de recuerdos!" Y convencido de esto, comenzó a registrar las 89 gavetas, cajas, cajitas y cajones, en las que conserva celosamente sus miles de fotos impresas y negativos, en el más imperfecto orden alfabético, hasta armar una selecta selección de lo más representativo de estos eventos.
Y mirándolo bien, tenía razón, pues nos monta en la máquina del tiempo y nos lleva a hacer un recorrido por los callejones del recuerdo.
Gracias a esta iniciativa perfectísima desfilan ante nuestros ojos algunas figuras queridas de este terruño ariguanabense que nos sirve de sede, y colegas del humorismo gráfico que en estos momentos andan pintando caricaturas a San Pedro y a las Once Mil Vírgenes, para el Heraldo Celestial u otro órgano del "más allá".
Que si bien siguen haciendo de las suyas en el "más acá", lucen ahora algo diferentes a como aparecían en las fotos de marras: tienen más canas, más arrugas y menos pelo; pero todos muestran un buen ánimo.
Pudiéramos decir que Perfecto ha sido un privilegiado testigo de nuestras Bienales del Humor, y no ha desaprovechado la ocasión para enriquecer la memoria colectiva, para que hoy, los que estuvieron se regocijen o sufran con el sabor de la nostalgia, y los que no estuvieron sepan lo que se perdieron.
Sus Exposiciones de fotografía de un buen humor son una oportunidad para reencontrarnos con aquellos años menos convulsos, en los que la risa costaba menos trabajo y la paloma de la paz tenía más plumas. Pero, bueno, ¡nada es perfecto en la vida!
Sus fotografías se expusieron en la Galería Proud de Londres como parte de un libro fotográfico titulado "Habana en mi corazón", en el que varios fotógrafos cubanos hacen un recuento de la historia de Cuba desde la Revolución hasta nuestros días.
De esos avatares durante muchos años, Perfecto Romero nos conversa.
Usted ha recogido en sus fotografías algunos de los personajes que forjaron la historia reciente de Cuba -Che Guevara, Camilo Cienfuegos, Fidel Castro...
¿Cómo fue su relación con ellos?
Yo estuve con ellos desde el principio. Conocí al Che en el año 1958 y permanecí con él hasta finales del1964.
Era un enamorado de la fotografía y tomar buenas fotos de él no era difícil pues su personalidad era tan fuerte que se reflejaba en las fotos.
Camilo vivió menos -vivió sólo 10 meses con la Revolución- pero fue muy activo. La gente no lo conoce tanto pero fue un personaje tremendo como político y también como persona.
Era un personaje de pueblo que se ganó el cariño de la gente. Todo el mundo lo aclamaba y lo quería mucho: el pueblo estaba loco por Camilo.
¿Y su vinculación con Fidel Castro?
También una gran personalidad y bastante fotogénico. Nunca le importó que le tomaran fotos, tanto cubanos como extranjeros; se situaba en la tribuna y nos dejaba hacer nuestro trabajo.
¿Cómo se siente al ver que hoy sus fotos junto con las de Korda representan la esencia misma de la Revolución Cubana?
Korda y yo, junto con Liborio Noval, éramos grandes amigos. Nuestras fotos han viajado a muchos países en exposiciones y se han publicado en muchos libros. Me siento muy bien y muy orgulloso de ello.
Cuando estaba con los "Barbudos", ¿tuvo la sensación de que era testigo de un acontecimiento histórico?
Yo no sentía eso. Sabía que tenía que tirar la foto porque era mi trabajo. Lo que sí hice fue guardar los negativos como un tesoro. Los conservé y cuando luego con el paso de los años los rescaté de nuevo, alcanzaron la importancia que hoy tienen.
¡Mi verdadero mérito fue guardar aquellos negativos como mi vida! Porque entonces yo era joven, tenía 23 años, y nunca pensé que el Che y Camilo iban a morir tan pronto.
Esas cosas uno no las piensa... pensé que íbamos a vivir más, pero bueno, sucedieron las cosas que sucedieron.
De entre sus muchos momentos compartidos con aquellos personajes, ¿hay alguno que guarde con especial cariño?
¡Imagínate! ¡Son tantos y tantos! Quizá el día en que el Che me acepta como corresponsal en la columna. Yo fui simplemente a combatir a su lado y él me cambio la vida: en lugar del fusil, me dio una cámara.
Camilo, desde el día en que lo conocí, me trató como si me conociera de toda la vida y se convirtió en mi amigo. Siempre que necesitaba un fotógrafo me mandaba llamar estuviera donde estuviera.
Esas son cosas que no se olvidan y cuando pienso en ellas todavía me emocionan.
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miércoles, 2 de mayo de 2007

Franklin Reyes:Venezuela me hizo más joven

por Luis Hernández Serrano

El colega Franklin Reyes, luego de nueve meses y medio de trabajar como fotógrafo en el hermano país sudamericano, confiesa las enseñanzas de una experiencia inigualable. Su exposición fotográfica Al sur de mi lente, vista por vez primera en Venezuela, y luego en Cuba con motivo del VIII Congreso de la UJC, se encuentra ahora en la galería
de la Redacción de nuestro diario
"Uno de los momentos más emocionantes de mi vida como fotorreportero fue cuando el Comandante Hugo Chávez, a las puertas del Palacio de Miraflores, me saludó, me dio la mano, se fundió en un abrazo conmigo al saber que yo era el enviado de Juventud Rebelde y me dijo: "Epa, chamo, ¿cómo está todo?".
Con una gorra azul oscuro donde brilla una letra C de color blanco, de un equipo cubano, el colega del diario, Franklin Reyes, se ve y está feliz, porque cumplió la tarea que le dio la dirección del periódico. Estuvo casi diez meses en Venezuela, donde recorrió gran parte del fabuloso país, de donde regresó con su exposición de fotografía con el simbólico título de Al sur de mi lente, que ahora puede apreciarse en nuestra redacción.
Varios años lleva Franklin corriendo detrás de la noticia como reportero gráfico de nuestro diario. A él se debió la imagen de aquella placa médica donde se aprecia cómo un joven fumigador cubano se tragó un pez vivo y lo tenía coleando en el esófago, "uno de mis primeros palos periodísticos" como fotógrafo.
Se caracteriza Franklin por una sonrisa perenne en los labios, su dinamismo, su temperamento parecido a "un paquete de gofio delante de un ventilador" y por su capacidad de trabajo, sus conocimientos de computación y sus constantes iniciativas periodísticas. Puede afirmarse también que "lo mismo plancha un huevo, que fríe una corbata".

-¿Qué piensas de tu estancia reporteril en Venezuela?

-Es lo más asombroso que me ha pasado en mi vida. Fue una experiencia increíble, todavía la estoy procesando mentalmente y extraño ese país como extrañé a Cuba estando allá, ¡qué contradicción!, ¿verdad?
"¡Ni idea tenía yo de lo que me iba a encontrar en esa tierra mágica, sorprendente, donde el paisaje es tan bello y multicolor como el propio pueblo, no solo el citadino, sino el hombre de campo y en particular el indígena!".

-¿Cuándo te fuiste para allá?

-Salí el 4 de febrero de este año y recorrí casi todo el país. De los 24 estados o provincias, solo me faltaron por conocer Falcón y Apure.

-¿Cómo supiste que partirías con esa misión?

-Estaba en mi casa; por la noche me llamó nuestro director por teléfono y me dijo que me recogerían enseguida, pues tenía que conversar conmigo algo muy importante. Me puse a pensar qué disparate había cometido que me mandaban a buscar con esa premura.
"Pero nada, me recibió con una sonrisa que alivió mis tensiones y me dijo: 'Siéntate, que te voy a encargar una tarea muy importante para ti como profesional y como persona. Te hemos designado para que vayas rumbo a Venezuela a captar como fotógrafo las vivencias de ese proceso revolucionario. Estoy seguro de que va a ser una experiencia provechosa para tu formación, porque tú estás joven todavía'. Y me dio algunos consejos".

-¿Te fueron útiles esos consejos?

-Claro. Me dijo que iba a beber de una escuela cotidiana, de un proceso nuevo que va echando sus raíces y lleno de interesantes detalles y contradicciones propias de una sociedad que se va liberando completamente y en forma gradual, como ha ocurrido en Cuba. Y fue una experiencia impresionante, la mejor de mi vida como fotógrafo.

-¿Captaste con tu cámara imágenes curiosas?

-Bueno, yo hice fotos buenas y fotos. De ellas seleccioné 70 y las coloqué en mi primera exposición personal, allá en Caracas, en el local donde Martí impartió clases, en un seminario que es ya histórico, y donde hoy se encuentra la Casa Nuestra América José Martí, en plena capital.
"Fueron 70 fotos de 30 por 40 centímetros, en colores y estuvieron a la vista del público un mes. De ellas escogí 25 para exponerlas aquí en la Redacción del periódico".

-¿Cuál fue tu vivencia más impactante?

-Aparte del efusivo saludo de Chávez, desandar las calles, conversar con el pueblo y participar como reportero el día del referendo, el 15 de agosto.

-Cuéntanos...

-Yo estaba albergado en el centro de Caracas, en un hotel en realidad viejo, pero fuerte, de 25 pisos. Tenía la cámara digital Nikon D100 nueva que me dio el periódico y estaba a la expectativa de lo que iba a ocurrir en el referendo, todo un acontecimiento.
"Chávez había dicho en su programa Aló, Presidente, que ese día se tocaría una diana a las tres de la madrugada, pero Pastor Batista, el colega de Granma y yo nos levantamos a las dos y media y a los pocos minutos ya estábamos haciendo entrevistas en las calles, ya a esa hora abarrotándose de gente, muchos vestidos de rojo. Varias veces tuvimos que volver al hotel, para descargar en la computadora las imágenes. Para mí fue como vivir dentro de una fabulosa película, pero era todo en vivo, a color y en directo.
"Recuerdo que fuimos al Centro Nacional Electoral (CNE)y de allí hacia la parroquia (municipio)donde votó Chávez, la 23 de enero. ¡Allí es revolucionario hasta el gato! ¡Yo quisiera que ustedes hubieran visto eso! La emoción yo la llevaba por dentro".

-¿Cuál fue tu instante más duro?

-Varios meses antes, estando en el Tribunal Supremo se formó un corre corre y salí también corriendo de allí con mi cámara, más bien para protegerme que para tirar la foto, para qué voy a decir mentira. Me dio por huirle al lugar. Yo nunca salía solo, me lo habían pedido los propios colegas bolivarianos. Pero debía tomar las fotos de la calle, pues frente al televisor un fotógrafo apenas sirve.
"Me puse a tirarle fotos a un personaje, un mulato achinado con unos espejuelos, vestido de forma llamativa, curiosa y sentí que alguien me gritaba que allí nadie quería fotógrafos ni fotografías.
"De pronto me rodearon. Parecía que iban a caerme a golpes. Grité de dónde yo era: ¡soy cubano, coño!, pero en la locura y la bulla, no me entendían o no me oían. Y cuando más en peligro me vi, rodeado completamente, entró al ruedo una mujer venezolana, revolucionaria y alertó quién yo era.
"Enseguida reaccionaron y me dejaron tranquilo, aunque algunos de ellos pelearon entre sí, como criticándose por una actitud no bien pensada".

-¿Alguna otra anécdota?

-Sí, en un yate partimos hacia la Isla Borracha, en el estado de Anzoátegui. El yate nos acercó, y después en un bote llegamos hasta la isla. La tierra firme quedó a unos 30 minutos de navegación. Fue una experiencia maravillosa, pues la naturaleza en esos parajes es como un milagro.
"Los habitantes de la isla poseen una planta eléctrica. Y un médico cubano va a atenderlos los fines de semana".

-¿Algo del folclore venezolano?

-Lo más folclórico que vi fueron los indígenas. Hablan poco el castellano, aunque nos entienden. Yo les tiraba fotos y ellos decían: "El que tira fotos, paga freco", refiriéndose a los refrescos.
"Los primeros indígenas los vi en Zulia, en Casusai. Las mujeres usan un 'batilón' hasta los tobillos y los hombres andan en 'taparrabos'. Las mujeres se pintan el rostro con un fango de poderes medicinales que les pone el cutis muy suave y bonito. Allí estuve un día completo tirando fotos y respirando el aire puro. ¡Un verdadero privilegio profesional! Viven de la pesca. Vi también indígenas en la zona del Amazonas, ¡algo increíble esas estampas!".

-¿Algún otro momento difícil?

-Sí, estuve cerca de algunos disturbios de la oposición. Los venezolanos los llaman "guarimbas". Quemaron cauchos o gomas. Bloqueaban el tránsito con rastras, les tiraban piedras a la Guardia Nacional en forma provocativa y ofensiva. Incitaban al pueblo a hacer todo eso en contra del proceso.

-¿La experiencia más educativa?

-Todo fue educativo, pero lo más hermoso fue para mí el regalo que me hizo un amigo venezolano: un documental titulado Puente Llaguno, clave de una masacre.
"Él reunió todo lo publicado sobre el golpe de estado y halló la verdad. La CNN y los medios privados de la oposición publicaron con énfasis una vista de bolivarianos disparando contra los enemigos de Chávez que venían marchando pacíficamente, pero no era cierto, disparaban contra la Policía Metropolitana y francotiradores de la oposición que mataron a 18 personas, una masacre. Por esas vistas le dieron al manipulador el Premio Rey de España. Todo estaba preparado, pagado y organizado por Estados Unidos; el documental prueba cómo los medios enemigos apoyan y promueven un golpe de Estado contrarrevolucionario. Ese documental lo he visto 15 veces. Me apasiona su verdad".

-En fin, ¿cómo viniste de allá?

-Muy feliz, mejor fotógrafo, mejor persona, más revolucionario y... ¡más joven! ¿Por qué no?

martes, 1 de mayo de 2007

Al borde de los precipicios.

Por Luis Hernández Serrano


Los desgarramientos y alegrías en tierra paquistaní de los integrantes del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve, fueron vivenciados durante más de seis meses por nuestro colega Roberto Suárez Piñón."AL lugar donde estábamos llegó un hombre de respiración agitada, en busca de un médico para atender a su esposa"."Enseguida dos médicos cubanos partieron hacia el lugar donde se encontraba la paciente. Su vivienda estaba en un sitio cercano denominado Síngola, pero estuvimos subiendo trillos a través de las lomas durante más de 45 minutos. Casi toda la familia vomitaba sangre por padecer de tuberculosis".Así inicia el relato de sus anécdotas, el joven fotorreportero Roberto Suárez, quien estuvo durante seis meses y siete días con dos cámaras al hombro, en zonas de Paquistán azotadas por el terremoto de octubre de 2005, sorteando montañas y precipicios; primero con un frío que congelaba el aliento, y por último con un calor de 40 grados a la sombra.La esposa de aquel atormentado paquistaní tenía un principio de aborto y aquello obedecía a la tremenda pobreza en que todos vivían, en una casa hecha con fango, piedras superpuestas, techo de hierba y algunas tablas podridas."Cosas como esa nos golpearon fuertemente en Paquistán casi todo el tiempo. También, la situación de un niño que se había caído dentro de un pozo y había sufrido la fractura de la columna vertebral. Esa fue una de las experiencias que más me impactó durante mi estancia allí."Recuerdo el caso de una niña sin zapatos, sentada a la entrada de una casa de campaña, con temor en sus ojos, en un campamento de damnificados por el terremoto. También el del pequeño aquel que en medio de un derrumbe, sentado, pero con las manos en gesto de impotencia y desesperación, me miraba como asombrado, en la localidad de Balakot, al norte".Roberto nos confiesa que tales experiencias lo marcaron profundamente como ser humano y como profesional."De mis vivencias como reportero gráfico puedo decirte que lo más llamativo fue precisamente la gente y su modo de vida tan distinto al nuestro. Solo el que ha podido estudiar tiene un sentido distinto de la vida y se comporta de un modo más natural".El grupo en que Suárez se movió por las montañas paquistaníes estuvo integrado por Aina M. Lotti, periodista del semanario Trabajadores, Noel Otaño y Erick Llanes, periodista y camarógrafo de la Televisión Cubana, respectivamente, y el chofer Multaf.Niños sin llanto en medio del drama"Recorrí gran parte del norte, Mansehra y Balakot, este último sitio el más destruido de todos por el terremoto, un lugar completo donde solo quedaron unas cuatro o cinco casas. Y anduve también por Abbottabad, Bassián, Murree y Muzaffarabad, en la famosa Cachemira".Pudo apreciar de cerca el dolor y el sufrimiento de gente de distintas edades, pero sobre todo el de niños huérfanos pidiendo ayuda."Claro que son niños muy fuertes, que rodeados del drama y de la angustia, no lloran fácilmente. Susto al borde de los abismosEn uno de los viajes al norte, rumbo al campamento de Jared, caían las piedras y pasaron un buen susto, pues había una zona desplomada que bloqueaba el camino."Tuvimos que pasar muy rápido, pues caían piedras de lo alto de la montaña, hasta que se atascó el vehículo. Con mucho cuidado, al borde del precipicio, lo empujamos y pudimos pasar al fin. El viaje aquel duró como seis horas".Relata que esto pudiera parecer muy fácil, pero hay que ver que se transita bordeando lomas por curvas muy peligrosas, cerradas y con el precipicio a la derecha todo el tiempo, preparado para tragarse cualquier cosa que resbale y caiga."Nos advirtieron que no debíamos seguir, porque estaban rodando piedras enormes. No obstante, seguimos al poco rato a pie".En esa dura travesía tuvieron la colaboración de un paquistaní que venía atravesando lomas con una linterna, porque se fue oscureciendo todo y llegaron al campamento de noche, con el corazón en las manos. Otros jeep no se atrevieron a continuar y se fueron."Esa fue una decisión impensada realmente, porque tuvimos que brincar algunos puntos peligrosísimos en los que si fallabas, te perdías en el aire, loma abajo, sin remedio, pero a veces la mala suerte respeta al atrevimiento. ¡Eso fue lo que pasó!".Poco después vendría otro susto, cuando en otro punto de una elevadísima montaña, tuvieron un inesperado e insólito accidente de tránsito.Iban por una de aquellas carreteras de dos vías, en una pequeña guagua, a la altura de un abrupto lugar llamado Murre, lleno de curvas muy cerradas, sin visibilidad alguna. "Regresábamos de hacer uno de los tantos reportajes de nuestra estancia allá y la sorpresa tuvo lugar en una curva en forma de 'U'. Un jeep que transitaba por nuestra propia senda chocó de frente con nosotros. Por suerte venía despacio. ¡Pudimos caernos al vacío con guagua y todo! Y uno de los paquistaníes del jeep se hirió en la frente. Traían a personas que regresaban de las lomas más lejanas. Recuerdo a varias niñas llorando del susto. Dos horas estuvimos allí. El chofer que provocó el accidente estaba muy apenado con nosotros".En Paquistán, en otra oportunidad, el grupo de Roberto también se graduó en sortear circunstancias difíciles, como acostumbran a hacer los propios médicos y el personal paramédico. Fue una tarde en que el vehículo en que viajaban se atascó en un río, por la zona de Balakot."Había que cruzar tres ríos diferentes. Aclaro que no un mismo río por tres vados distintos, como a veces hemos hecho en Cuba, no. El puente estaba roto por el terremoto y no era posible otra ruta que atravesar el agua. Afortunadamente no eran vados profundos. Lo malo era el agua congelada que bajaba de las montañas de nieve que se iban derritiendo cuando el calor empezaba a apretar. Tuve que bajarme y meterme en el agua helada y empujar el carro. Así fue que pudimos salir".Recuerda Roberto que Alina, la colega de Trabajadores, se quedó dentro del vehículo, tensa y preocupada. Llegaron al campamento y empezó a llover de tal modo que no pudieron regresar debido a la intensidad de las lluvias. Allí se quedaron dos noches, y al regreso pudieron pasar porque aplicaron la estrategia de repletar el vehículo de gente y como pesaba más, su tracción era mayor. Pasaron sin problema.¡No problem, no problem!"Uno de los reportajes que más me impresionó personalmente fue el de una operación de cadera a un hombre paquistaní, que trajeron en un viaje durante varios días en tren, quejándose de dolores y malestares. Fui testigo de varias operaciones, pero aquella me zarandeó. Hubo que abrir al hombre aquel por un costado pero, gracias a la magia de la anestesia, no sintió nada y pronto estaba casi nuevo".Roberto no olvida el valor y el cariño del chofer a quien le tocó compartir azares con su grupo. "Multaf era como nuestros galenos, como hecho de otra cosa, muy arriesgado, audaz, responsable y lleno de un tremendo optimismo. No hablaba el español, pero, como su colega Nuralán, a todo decía "No problem, no problem". "Merece mencionarse en este breve recuento. Tiene seis hijos. Se sintió muy mal en medio del trabajo y no quiso irse. Pero durante el último mes hubo que operarlo pues tenía una piedra grande en la vesícula. Lo operaron los médicos cubanos, por supuesto, pues no le hubieran alcanzado las 5 000 rupias que cobraba al mes como chofer. "Cuando recorrimos Muzaffarabad, la capital de la Cahemira, dormía en el propio carro, cuidándolo. Nada_ gente como él fueron auxiliados oportunamente por nuestros trabajadores de la salud, esos que fueron los verdaderos héroes, en unión de los paramédicos. Yo solo fui uno de los que dejó constancia fotográfica de esa noble misión cubana que nunca olvidaré".

lunes, 30 de abril de 2007

Confesiones de un cazador de imágenes
por Luis Hernández Serrano


”Una niña de Delta Amacuro saltando sobre los troncos de árboles podridos me hizo ‘apuntarle’ enseguida y apretar el obturador de la cámara antes de que se escapara. ¡Ahí está la foto que guardo como un recuerdo grato de mis últimas aventuras reporteriles!”.
Lo cuenta el joven de 35 años Ricardo López Hevia, fotorreportero del diario Granma que evoca sus principales vivencias con su máquina fotográfica en Venezuela.
“Me crié entre fotos, no solo por mi padre, Ricardo López Sánchez, sino también por mi tío paterno, Raúl, los dos fundadores del Departamento de Fotografía del periódico”.
Ricardito, como le dicen en el gremio, nació en La Víbora, en el municipio de Diez de Octubre, en Ciudad de La Habana, el 11 de noviembre de 1969 y empezó en Granma en septiembre de 1984 como laboratorista, donde muchos fotógrafos fueron sus maestros.
Es licenciado, graduado en el Instituto Superior de Cultura Física Manuel Fajardo, y técnico integral de Veterinaria, egresado del tecnológico Villena-Revolución.
—¿Tu debut en una página?
—Entregaban la bandera de Vanguardia Nacional a Granma. No había fotógrafo a mano y Emilio Argüelles, jefe de Fotografía, me dijo: “Hoy publicarás la primera foto”. Y así lo hice. Fue en 1995.
—¿Qué recuerdas de tu aprendizaje?
—Soy el único sobreviviente de un grupo de jóvenes fotógrafos que debimos sustituir a los grandes maestros del lente allí. Éramos Jorge López, Ernesto Mastrascusa, Eduardo Mojica, Randy Rodríguez, Ismael Francisco, y Ahmed Velásquez. Nuestra mayor escuela fue aprender de Oller, Lezcano, Mario Ferrer, por ejemplo.
“Al final nos quedamos Ahmed, hoy fallecido, y yo. Tuvimos que luchar duro contra viejos esquemas en la fotografía y llegamos a la conclusión de que una buena gráfica dice más que mil palabras. También nos convencimos de que para poder tener el ojo fino, se necesita mucho trabajo”.
—¿Cómo te ha ido por el sur?
—Muy bien. Venezuela no es un país, es un mundo. Lo digo no solo por su gente alegre, campechana y sincera, parecida al cubano, sino también por su maravillosa geografía.
“Aparte de su pueblo y su lucha, lo que más me impresionó de esa nación heroica en mi primera visita de trabajo fue la hermosura de sus paisajes. ¡Imagínate un viboreño por el Amazonas! Aquellos árboles que se perdían en el cielo, esos ríos cuya otra orilla no se veía, con una fuerza tremenda de sus aguas; pájaros de todos tipos, preciosos; selvas con sus indios naturales tan sencillos, como los ‘piaroa’, por ejemplo.
“Saltamos de ese inmenso paraje hacia Mérida, un estado andino, con nieve, con casas de techos a dos aguas y tejas holandesas, pobladores rubios, de ojos claros y cachetes quemados, rosados.
“Bajamos hacia la famosa zona desértica de Falcón; y de ahí caímos en Maracaibo, con un calor de 40 grados a la sombra. ¡Enormes contrastes! ¡Muchos climas en poco tiempo!”
—¿Algún susto vivido?
—Regresamos de noche, en una lancha rápida, por el imponente río Orinoco, durante ocho horas de viaje, cansados, sin visibilidad, conscientes de que había anacondas y pirañas en aquellas aguas turbulentas y hondas, y jaguares por sus orillas. En un momento determinado íbamos por afluentes muy profundos —les dicen caños— transitables por supertanqueros. Y para colmo, nos quedamos sin combustible, aunque ya muy cerca del lugar de destino.
—¿Cuántos viajes diste a Venezuela?
—Tres. La primera vez fue el 6 de junio de 2003, ocho meses, con el periodista Félix López, a quien le agradezco mucho. La segunda, en septiembre de 2004, durante 15 días, con Katiuska Blanco, excelente profesional, a quien conozco desde niño. La tercera fue en agosto de este año 2005, dos semanas, con María Julia Mayoral, formidable reportera.
—Háblanos de algunas experiencias en esos viajes.
—La primera vez viví unas horas inolvidables en ocasión de dos marchas antagónicas, una de los chavistas y la otra de la oposición. Anduvimos entre los oponentes para ver qué decían y qué hacían.
“Ambas marchas se debían encontrar en un punto de Caracas, pero antes del supuesto encuentro, los líderes de esa oposición se fueron yendo poco a poco y dejaron solos a sus seguidores.
“Cuando sus acólitos se percataron de la estratagema cobarde de sus ‘capitanes araña’, la marcha se fue disolviendo gradualmente. Así nos dimos cuenta de que la oposición en Venezuela perdía cada vez más terreno no solo por la traición de sus líderes, sino porque con la mentira no se llega a ninguna parte y ese pueblo ya se cansó de falsos gobiernos. Sin embargo, la marcha de los chavistas era cada vez más fuerte, más unida, más compacta”.
—¿Y en el segundo viaje?
—Tomamos fotos para un libro sobre la Misión Milagro, un privilegio profesional, captando imágenes de niños con problemas visuales que se atenderían por los médicos cubanos. Eso me impactaba mucho, sobre todo porque tengo tres hijos que son mi vida.
“Recuerdo un niño en Mérida, de unos cinco años, en su casita pobre, en la ladera de una montaña, donde por un deslizamiento del terreno causado por aguaceros torrenciales e inundaciones, perdió la mitad de su vivienda. Estaba recién operado y hablaba poco. Ya empezaba a ver.
“Le enseñé las fotos que le había tomado con mi cámara digital y noté de pronto su alegría, porque nos traía una paloma, un pollito, un perro, riéndose. Así demostraba su felicidad”.
—¿Y el tercero?
—Figúrate, en el XVI Festival. Ver tantos rostros jóvenes de todo el mundo, con diferentes culturas, razas, credos, ideologías, idiomas, costumbres, apoyándose mutuamente, reconociéndose entre sí. Pude notar una especie de alquimia, de química entre los jóvenes de distintas latitudes, una atracción palpable, un sentimiento común, una amistad compartida, en fin: la solidaridad. Para nosotros, que tenemos la tarea hermosa de congelar imágenes en distintos instantes, fue una experiencia tremenda.
—¿Alguna foto memorable para ti?
—Capté la foto que siempre quise tirar: la del graduado ¡un millón! de la alfabetización. Tuve la enorme dicha de estar allí en el instante preciso. Con ella obtuve una Mención Especial en el Concurso 26 de Julio de la UPEC. Desde entonces figura entre mis fotos más queridas, porque aquel hombre, hasta ese momento completamente desconocido, se convirtió en una persona reverenciada por todos como un símbolo.
—¿Y la primera foto que le tomaste a Fidel?
—¡Una aventura! Porque no se sabía que iba al Palacio de Convenciones aquel día, en un Pleno del Partido de Ciudad de La Habana y se apareció. Yo tenía la cámara de hacer fotocopias, un solo rollo y un lente de 50 milímetros. Pude garantizar la foto gracias a los colegas que me prestaron otro lente y un bastón. Se publicó en primera plana y me felicitaron. Salió Fidel con el brazo un poco en alto, con el puño cerrado, en un gesto de fuerza, convicción y firmeza muy oportuno.
—¿Cuál es tu filosofía fotográfica?
—No es la mía, es la de los que me enseñaron sin darme clases, sino con su propio ejemplo. De niño fui con mi padre a los espectáculos deportivos a los que él iba como fotógrafo. Desde que tuve uso de razón estuve visitando el cuarto oscuro de Granma. ¡Me era muy difícil escapar de esta profesión con tantos influjos!
“¡Hasta que un día escuché a un viejo fotógrafo decir que en este oficio había que pensar en imágenes y desde niño, con una camarita pequeña e insignificante traté de atrapar buenas cosas y pensé siempre en imágenes, qué casualidad!
“Mi profesión es muy linda y muy humana. Nosotros dejamos instantes para la historia, no para uno, que pasa, sino para las futuras generaciones. Yo alcancé a vivir la etapa de los negativos y la disfruté muchísimo, pero el desarrollo es inevitable y la fotografía digital para nosotros los reporteros gráficos de prensa agiliza el trabajo y producimos más”.
—¿Frustraciones y entretenimientos favoritos?
—Tengo dos grandes frustraciones: no haber sido un famoso atleta ni un virtuoso músico. Y mis pasatiempos preferidos son precisamente el deporte y la música.
“El deporte me encanta, sobre todo la pelota; y soy amante de la buena música, en particular de los Van Van, la orquesta insignia de la música popular cubana. Del extranjero, fan de dos cantantes: Gilberto Santarosa y Juan Luis Guerra. Además, soy un amante del casino, que me viene de haber nacido en Carmen entre Saco y Heredia, un barrio de bailadores”.
—¿Algún agradecimiento?
—Mis padres se divorciaron y me crié con mi abuelita materna y con mi madre, a quienes debo en lo esencial el ser el hombre que soy. A mi padre le debo en parte mi profesión y a mi madre mis sentimientos y principios morales. Con ambas cosas se pueden hacer buenas fotos.
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©Reno Massola
La Habana
2007-2010